Si tienes hijos, también debes tener…

El que quieras, uno o varios libros de la colección de los paseos visuales (Una historia en dibujos) que hace el matrimonio alemán formado por Peter Knorr y Doro Göbel. Detalles por todas partes, historias tiernas, cosas extraviadas que hay que encontrar, culetes… sí, éxito asegurado! Pequeño sabe exactamente en qué pagina puede encontrar al niño en pelotas que se está duchando… Entrañable, divertido, hecho con cariño. Variedad total. Cartoné manejable. Vais a buscar muchas cosas, vais a poder hablar de muchos temas (tipos de familia, tipos de casas, tipos de transportes, etc), y vais a compartir un buen rato.

La única pega que le pongo es que la editorial cambie los nombres originales. Vale, entiendo que hay nombres que no sabemos pronunciar porque no hablamos alemán, y que ni siquiera sabemos ni cómo suenan. Bien. Pero podemos no usarlos porque no hay texto, así que tampoco pasa nada. Si el abuelo original se llama Piet ( que tampoco es muy loco) pero no nos vemos capaces de afrontarlo (what?), pues nos referimos a él como el abuelo de la panadería, y listo.

Me parece mal que a los personajes alemanes se les cambie el nombre a nombres castellanos, que las familias alemanas se conviertan en españolas, vamos, pero que las familias turcas, por ejemplo, conserven sus nombres y sigan siendo turcas aquí también… no sé si me explico???

Las familias alemanas son alemanas, y nosotras somos lectoras capacitadas, de cualquier lugar, y ya está.

La cláusula ingrata de la novela gráfica o “Carta Blanca” de Jordi Lafebre.

He terminado “Malgré tout”, “A pesar de todo” o, como se ha traducido al castellano, Carta Blanca, de Jordi Lafebre. Novela gráfica editada aquí por Norma Editorial.

Ya he dicho alguna que otra vez que el género no me llama la atención como lectora, pero no lo descarto como lectura para mis hijos, y me interesa bastante en tanto que yo dibujo.

Lafebre lleva ya unos cuantos años dibujando viñetas sin parar, sobretodo para Francia, donde al parecer le valoran más que aquí. Qué cosa más extraña!

Su novela es una historia puramente romántica. En la RAE, romántico es “sentimental, generoso y soñador”.

Lafebre es romántico cuando escribe y cuando dibuja. No creo que haya lecturas y/o novelas gráficas, o creaciones artísticas, en definitiva, destinadas a uno u otro género. Como no lo creo, no voy a decir que puede ser que llame más la atención a lectoras que a lectores, porque tampoco lo sé. Lo que sí creo es que aquellos/as que piensen que todo cómic o novela gráfica es una cuadrícula llena de músculos y onomatopeyas es que no han tocado un libro desde hace mucho tiempo.

El dibujo de Lafebre tiene el equilibrio entre el dibujante que dibuja de dibujos y el que dibuja del natural. Es decir, es detallista, figurativo y realista, al tiempo que utiliza recursos de lenguajes de representación conocidos. Sus figuras tienen el punto justo de caricatura e histrionismo para explicar sentimientos, pensamientos y emociones sin palabras. Y a mí, personalmente, a veces me emociona.

He estado pensando en lo rápido que se lee una novela gráfica, por gorda que sea, en comparación con la cantidad de tiempo que lleva hacerla. Si no escribes ni dibujas es posible que nunca te lo hayas planteado, o que hayas juzgado libros, cuentos, cómics o cuadernos de pegatinas a la ligera. Debe pasar lo mismo con el cine, aunque si tu obra funciona tiene más visibilidad… jui jui jui.

Sin entrar en la dificultad y el tiempo que lleva a toda autora/autor encontrar y encaminar tema y trama de una novela, hay que tener en cuenta que toda la descripción de lugares, vestuarios, meteorología, es decir, la ambientación, real o ficticia, que la novela convencional hace a través del texto, la novela gráfica la hace a través del dibujo.

En el caso de la novela narrativa convencional, la descripción puede llevar más o menos tiempo a la escritora/escritor, aunque nunca menos que al lector/a leerla completa para hacerse a la idea del lugar en que se ubican los personajes en ese momento. Además, la narración siempre deja espacio para la aportación del lector a la construcción de la escena.

En cambio, en el caso de la novela gráfica, el dibujante va a invertir, muchas no, muchísimas horas de su vida en representar escenarios imaginados sobre el papel mediante el dibujo. Muchas horas. Y al lector le va a llevar tres pestañeos captar la escena por completo, que además el dibujante habrá repetido varias veces desde puntos de vista diferentes, en viñetas consecutivas, a medida que la narración avanza.

Lo mismo ocurre con los personajes. Su aspecto físico, sus estados de ánimo, sus expresiones, etc. todo se explica mediante el dibujo. Así que el texto se limita casi exclusivamente al diálogo.

Es decir, en la novela gráfica el autor/dibujante asume y acepta una pequeña cláusula de “ingratitud o por amor al arte”, añadida al contrato de incertidumbre que firma cualquier autora/autor.

Sabe que va a pasar varios años de su vida trabajando muchas horas, dejándose la vista, buscando documentación gráfica, leyendo, dibujando, y sin cobrar nada de nada esos años, para publicar una obra que se va a leer de principio a fin en menos de un día (más o menos).

Pero no todo es mierda, claro. La novela gráfica, al emplear dos lenguajes, tiene dos puntos de apoyo para mantenerse a flote. Puede que la historia sea un pedo, y los diálogos malos, pero que el dibujo sea muy potente y la soporte. Puede que los dibujos sean regulares, pero que la historia sea muy buena y esté bien escrita, y tenga algunos aciertos gráficos. En la novela convencional, esté como esté escrita, si la historia es mala, no hay nada que hacer.

Un último punto, que para algunas será una ventaja y para otras un inconveniente, es que la novela gráfica, al funcionar más como el cine, no deja tanto espacio a la lectora/lector. Y que el diálogo, la parte escrita, tiene un peso específico muchísimo mayor. Otro tema es la limitación o dificultad de lo gráfico para enfrentarse a temas complejos, abstractos o filosóficos, a reflexiones sin cuerpo representable.

En fin, que no deja de ser ingrato que la novela gráfica se lea tan rápido y que se acabe tan deprisa, sabiendo que a la autora/autor le ha llevado, necesariamente, muchas horas y mucho trabajo, como en el caso de Carta Blanca de Jordi Lafebre.

A mí me gusta mucho como dibuja, y dibuja mucho, dibuja bien, no se ahorra nada. Y eso se agradece, porque los que dibujamos (mejor o peor) sabemos que hacer eso no es ni fácil ni rápido.

No voy a hablar de nada más, porque entonces me cargo la novela, que funciona gracias a eso de lo que no voy a hablar, desde un punto de vista narrativo. Pero, aunque no te la leas, la capacidad de Lafebre de explicar con el dibujo es muy muy grande. Así que si, aunque como yo, no eres romántico/a, la recomiendo mucho. Y, malgré tout, creo que Lafebre debe sentirse agradecido y satisfecho.

Solamente voy a rebelar un detalle: el prota lleva un pendiente. Cuando yo tenía 22 o 23 años, trabajaba becada como delineante en una oficina de la Universitat de Barcelona. Cada mañana desayunábamos en el bar de la facultad de Bellas Artes, que tenía un patio con una higuera grande. A la misma hora solíamos coincidir con la misma gente, grupos de estudiantes de la facultad, algunos profesores, etc. A mí me llamaba la atención un chico que casi siempre sonreía, tenía el pelo rizado y llevaba un pendiente (o dos). Ahora sé que se llamaba Jordi, juas!

Y entonces nos perdimos (This was our pact)

Ayer llegaron las recomendaciones de lectura para el verano del plan lector de la biblioteca municipal, y me acerqué a la biblio a sacar algunos libros que me parecieron interesantes para “mayor”. Uno de ellos es El Ickabog de J.K. Rowling , y el otro es un cómic juvenil que acabo de terminar y que me ha parecido bonito y divertido.

De niña no me llamaron nunca la atención los cómics, pero ahora hay otro tipo de historias ilustradas, que llamamos novelas gráficas, tanto para adultos como para jóvenes lectores, que no son ni mangas, ni cómics clásicos de superhéroes musculados, ni historietas de personajes azules belgas o franceses, ni tebeos de paisanos groseros, tetas y cacas de perro.

Pese a que me interesan desde un punto de vista profesional, las novelas gráficas siguen sin ser mi preferencia a la hora de elegir lectura. Para mí, no alcanzan el desarrollo de la narrativa convencional, puede que sencillamente porque una novela gráfica extensa y compleja como una novela ocuparía una habitación entera.

Pero he leído algunas, y algunas me han gustado. Y ahora que a “mayor” le interesan, he leído algunas dirigidas a lector juvenil. Desde un punto de vista formal me parecen muy interesantes, y me llaman la atención. Pero el contenido no siempre está al mismo nivel que lo gráfico.

Últimamente la tendencia en juvenil es tomar uno o varios protagonistas jóvenes e introducir personajes y situaciones fantásticas, absurdas, monstruosas o feístas en la aparente normalidad. A veces es un poco cansado y aburrido.

Al grano. He terminado Y entonces nos perdimos de Ryan Andrews. Los protagonistas son niños, y dentro de lo normal aparecen personajes y situaciones fantásticas y/o absurdas, como es la tendencia, pero en este caso el feísmo es casi inexistente, y el relato es tierno y divertido. Un relato de amistad, generosidad, inconsciencia e ímpetu juvenil, envuelto en fantasía, donde la calidad y capacidad descriptiva de las imágenes es excelente. A lápiz y a mano. Toma ya.

A ver si “mayor” opina lo mismo que yo.

En la misma linea, tanto narrativa como gráfica, pero para lectores más pequeños, están los dos títulos de Caja.

Como parece que a él le gustan las aventuras de Hilda bastante más que a mí, también he sacado el último de la serie, Hilda y el Rey de la Montaña. Creo que entre los que hay en casa y los que hemos sacado prestados, se los habrá leído todos. Yo he ido viendo como Hilda ha ido proporcionándose y redondeándose, y como el trazo se ha ido haciendo más orgánico, alejándose del universo de Tove Jansson, de la que recomiendo leer (sin prejuicios de lo que debe ser narrativa para niños) las inquietantes aventuras de la familia Mumin ( La familia Mumin en invierno, La llegada del cometa o Papá Mumin y el mar).

De las novelas gráficas para adultos que he leído, me quedo con Los equinoccios, de Cyril Pedrosa, y Lydie, de Jordi Lafebre y Zidrou.

Eso es todo, amigos.