Tic-tic-tic

El miedo es muy antiguo. Las primeras personas de este mundo ya tenían miedo. No sabían lo que era ni le habían puesto nombre, pero lo conocían y lo sentían. Muchos otros animales también sienten miedo. Aunque le hemos dado nombre como si fuera uno, miedos hay muchos. Se puede tener mucho miedo, pero también muchos miedos, todos a la vez, o a veces uno y otras veces otro. Además, los miedos no son todos iguales. Los hay de cerca, los hay de lejos, pueden ser miedos a cosas, a personas, a situaciones. Pero también puedes tener miedo a algo que solo tú has imaginado. Algunas personas llaman a este último miedo infundado o incluso inventado pero, aún así, ese miedo se siente y es real. Y es muy difícil de vencer. Porque el miedo no se supera ni se acepta, no se aprende a sentirlo ni a afrontarlo. El miedo hay que vencerlo para poder liberarse de él.

Si no lo haces, el miedo se transforma y te sabotea. Se convierte en unas botas de plomo que te impiden avanzar. Toma la dimensión de tiempo detenido, de momento congelado, o de bucle infinito donde te quedas anclado, mientras el resto del mundo sigue fluyendo. Y tú quieres moverte y quieres seguir en la corriente pero no puedes porque tienes miedo. Y no haces nada porque no puedes.

Las personas que no tienen tanto miedo porque son capaces de vencerlo te pueden reprochar que no hagas nada. Es posible que no entiendan que nada te gustaría más pero que no puedes. No puedes porque no sabes. No sabes vencer el miedo.

Cuanto más tiempo pasa más crece el miedo. Es muy raro que se haga más pequeño o que desaparezca solo. A veces parece que ya no está pero simplemente muta y cede su puesto. Es entonces cuando descubres que tienes otro miedo que antes no tenías. O puede que tengas el de antes y otro nuevo, porque cuando dejas espacio a los miedos, lo ocupan.

El miedo es libre a tu costa. Te esclaviza y viaja por ti a voluntad.

Los libros molan

No puedo decir si es fácil o no fomentar la lectura y conseguir que los niños y niñas de hoy sean lectores y lectoras sin prejuicios mañana. No sé si es fácil conseguir que lean hoy y mañana sin hacer esfuerzos, sino como algo necesario, orgánico, instintivo y natural, como comer o descansar.

No sé si es fácil que desarrollen la necesidad de satisfacer las ganas de saber más, por el gusto final de sentirse más completas/os, más grandes ocupando el mismo espacio. Pero en casa ellos nos han visto leer, hay libros para escoger, de todo tipo, y siempre hay algún libro que responde a alguna curiosidad o duda concreta.

Les hemos leído. La mecánica ya la conocen, y pueden hacerlo ellos mismos, pero sigo leyendo en voz alta cada noche porque quieren y porque quiero. No sé si es fácil, y creo que no, porque no somos un país de lectores “naturales”, pero es necesario que todo el mundo sepa que los libros molan mucho.

No sé si es fácil pero, hoy, de camino al colegio después de comer, mi hijo mayor ha ido andando y leyendo un libro que le gusta mucho. Lo saqué de la biblioteca porque lo vi y me llamó la atención. Es una de esas lecturas que ya no compartimos, libros que él lee y yo no, sus lecturas. Pero sabía que le gustaría. Lo que no sabía era que le gustaría tanto. Anoche me dijo que “Hi ha un nen al lavabo de les nenes” le estaba gustando porque le hacía pensar, le hacía reír y también llorar. Es la primera vez que se expresa así respecto a una historia.

No sé si es fácil, y creo que no, porque con mi hijo pequeño no ocurre exactamente lo mismo. Está siguiendo un camino distinto. Hoy quería dibujar un gato y le he dejado uno de los libros de documentación que tiene su padre: todo gatos. Él quería una foto para calcarla. Inmediatez sin complicaciones. Pero le he dado el libro y le he dejado a solas con sus quejas. Al poco rato ha empezado a contarme, desde la habitación, cosas interesantes que le han llamado la atención sobre los gatos. Cuando me he asomado a la puerta, estaba sentado en la cama poniendo un post-it prácticamente en cada página, como hace su padre. El libro está en francés. En este caso, el idioma no ha sido obstáculo para atraparle, con sus fotografías, la edición cuidada, las ilustraciones de anatomía… Por eso es importante que todo el mundo sepa que los libros, los buenos libros, molan. Y son necesarios, aunque no sé si es fácil fomentar su lectura.

Palabrería

Las palabras pesan. Algunas más que otras. Unas son más complejas. Y las explicamos usando otras palabras, construyendo frases con ellas o usando palabras sinónimas. Es curioso cómo hay palabras más fáciles de definir y explicar, mediante otras palabras, que otras palabras. No necesariamente coincide su complejidad formal con su complejidad significativa. Continente y contenido. Me pasa cuando mis hijos me preguntan “¿y eso qué significa?”.

La riqueza de vocabulario es nuestra herramienta para enfrentarnos a la definición. Usando las palabras adecuadas y precisas podemos explicar y describir conceptos complicados, emociones o abstracciones. Podemos evocar, podemos confundir, querer o hacer daño.

Las palabras son herramientas poderosas que algunos y algunas utilizan sin honestidad. Sólo se miente con la palabra.

En 1984, George Orwell describe en 1947 cómo la neolengua que controla la realidad nace de la reducción y destrucción de la lengua.