¡Estás despedida!

En el cole de mis hijos ya no hay lecturas “obligadas” de curso. No sé desde cuando han dejado de existir, pero “mayor” está acabando la primaria y nunca ha tenido que leer un libro que haya leído toda la clase. Never. No creo que obligar a leer fomente en absoluto la lectura, pero compartir la lectura, creo que sí.

Escoger un título adecuado a la edad, a las inquietudes del grupo en cuestión (y no el libro que se ha leído año tras año en ese curso), relacionado con el proyecto que estén desarrollando, y leerlo juntos, en clase y no en casa, por turnos, en voz alta, me parece una buena práctica. Leer en voz alta, aunque dé vergüenza, sin forzar, según cada personita, poco a poco, ayuda a exponerse ante el mundo, y a hacerlo con un poquito más de seguridad. Leer juntos aumenta el interés y la conexión con la lectura, y refuerza la comprensión lectora. Comentar la lectura en clase te lleva a hacer el esfuerzo de pensar y buscar las palabras más adecuadas para expresar lo que quieres decir, para que te escuchen y te entiendan.

Por mí, haría que en ciclo medio o superior de primaria leyeran en clase ¡Estás despedida!, de Rachel Flynn, porque visibiliza, con humor y sin enfrentamientos, eso que Yayo Herrero define como los trabajos de cuidados que sostienen la vida, que realizamos mayoritariamente las mujeres, desde que la humanidad es humana.

Y entonces nos perdimos (This was our pact)

Ayer llegaron las recomendaciones de lectura para el verano del plan lector de la biblioteca municipal, y me acerqué a la biblio a sacar algunos libros que me parecieron interesantes para “mayor”. Uno de ellos es El Ickabog de J.K. Rowling , y el otro es un cómic juvenil que acabo de terminar y que me ha parecido bonito y divertido.

De niña no me llamaron nunca la atención los cómics, pero ahora hay otro tipo de historias ilustradas, que llamamos novelas gráficas, tanto para adultos como para jóvenes lectores, que no son ni mangas, ni cómics clásicos de superhéroes musculados, ni historietas de personajes azules belgas o franceses, ni tebeos de paisanos groseros, tetas y cacas de perro.

Pese a que me interesan desde un punto de vista profesional, las novelas gráficas siguen sin ser mi preferencia a la hora de elegir lectura. Para mí, no alcanzan el desarrollo de la narrativa convencional, puede que sencillamente porque una novela gráfica extensa y compleja como una novela ocuparía una habitación entera.

Pero he leído algunas, y algunas me han gustado. Y ahora que a “mayor” le interesan, he leído algunas dirigidas a lector juvenil. Desde un punto de vista formal me parecen muy interesantes, y me llaman la atención. Pero el contenido no siempre está al mismo nivel que lo gráfico.

Últimamente la tendencia en juvenil es tomar uno o varios protagonistas jóvenes e introducir personajes y situaciones fantásticas, absurdas, monstruosas o feístas en la aparente normalidad. A veces es un poco cansado y aburrido.

Al grano. He terminado Y entonces nos perdimos de Ryan Andrews. Los protagonistas son niños, y dentro de lo normal aparecen personajes y situaciones fantásticas y/o absurdas, como es la tendencia, pero en este caso el feísmo es casi inexistente, y el relato es tierno y divertido. Un relato de amistad, generosidad, inconsciencia e ímpetu juvenil, envuelto en fantasía, donde la calidad y capacidad descriptiva de las imágenes es excelente. A lápiz y a mano. Toma ya.

A ver si “mayor” opina lo mismo que yo.

En la misma linea, tanto narrativa como gráfica, pero para lectores más pequeños, están los dos títulos de Caja.

Como parece que a él le gustan las aventuras de Hilda bastante más que a mí, también he sacado el último de la serie, Hilda y el Rey de la Montaña. Creo que entre los que hay en casa y los que hemos sacado prestados, se los habrá leído todos. Yo he ido viendo como Hilda ha ido proporcionándose y redondeándose, y como el trazo se ha ido haciendo más orgánico, alejándose del universo de Tove Jansson, de la que recomiendo leer (sin prejuicios de lo que debe ser narrativa para niños) las inquietantes aventuras de la familia Mumin ( La familia Mumin en invierno, La llegada del cometa o Papá Mumin y el mar).

De las novelas gráficas para adultos que he leído, me quedo con Los equinoccios, de Cyril Pedrosa, y Lydie, de Jordi Lafebre y Zidrou.

Eso es todo, amigos.

Tic-tic-tic

El miedo es muy antiguo. Las primeras personas de este mundo ya tenían miedo. No sabían lo que era ni le habían puesto nombre, pero lo conocían y lo sentían. Muchos otros animales también sienten miedo. Aunque le hemos dado nombre como si fuera uno, miedos hay muchos. Se puede tener mucho miedo, pero también muchos miedos, todos a la vez, o a veces uno y otras veces otro. Además, los miedos no son todos iguales. Los hay de cerca, los hay de lejos, pueden ser miedos a cosas, a personas, a situaciones. Pero también puedes tener miedo a algo que solo tú has imaginado. Algunas personas llaman a este último miedo infundado o incluso inventado pero, aún así, ese miedo se siente y es real. Y es muy difícil de vencer. Porque el miedo no se supera ni se acepta, no se aprende a sentirlo ni a afrontarlo. El miedo hay que vencerlo para poder liberarse de él.

Si no lo haces, el miedo se transforma y te sabotea. Se convierte en unas botas de plomo que te impiden avanzar. Toma la dimensión de tiempo detenido, de momento congelado, o de bucle infinito donde te quedas anclado, mientras el resto del mundo sigue fluyendo. Y tú quieres moverte y quieres seguir en la corriente pero no puedes porque tienes miedo. Y no haces nada porque no puedes.

Las personas que no tienen tanto miedo porque son capaces de vencerlo te pueden reprochar que no hagas nada. Es posible que no entiendan que nada te gustaría más pero que no puedes. No puedes porque no sabes. No sabes vencer el miedo.

Cuanto más tiempo pasa más crece el miedo. Es muy raro que se haga más pequeño o que desaparezca solo. A veces parece que ya no está pero simplemente muta y cede su puesto. Es entonces cuando descubres que tienes otro miedo que antes no tenías. O puede que tengas el de antes y otro nuevo, porque cuando dejas espacio a los miedos, lo ocupan.

El miedo es libre a tu costa. Te esclaviza y viaja por ti a voluntad.

Los libros molan

No puedo decir si es fácil o no fomentar la lectura y conseguir que los niños y niñas de hoy sean lectores y lectoras sin prejuicios mañana. No sé si es fácil conseguir que lean hoy y mañana sin hacer esfuerzos, sino como algo necesario, orgánico, instintivo y natural, como comer o descansar.

No sé si es fácil que desarrollen la necesidad de satisfacer las ganas de saber más, por el gusto final de sentirse más completas/os, más grandes ocupando el mismo espacio. Pero en casa ellos nos han visto leer, hay libros para escoger, de todo tipo, y siempre hay algún libro que responde a alguna curiosidad o duda concreta.

Les hemos leído. La mecánica ya la conocen, y pueden hacerlo ellos mismos, pero sigo leyendo en voz alta cada noche porque quieren y porque quiero. No sé si es fácil, y creo que no, porque no somos un país de lectores “naturales”, pero es necesario que todo el mundo sepa que los libros molan mucho.

No sé si es fácil pero, hoy, de camino al colegio después de comer, mi hijo mayor ha ido andando y leyendo un libro que le gusta mucho. Lo saqué de la biblioteca porque lo vi y me llamó la atención. Es una de esas lecturas que ya no compartimos, libros que él lee y yo no, sus lecturas. Pero sabía que le gustaría. Lo que no sabía era que le gustaría tanto. Anoche me dijo que Hi ha un nen al lavabo de les nenes le estaba gustando porque le hacía pensar, le hacía reír y también llorar. Es la primera vez que se expresa así respecto a una historia.

No sé si es fácil, y creo que no, porque con mi hijo pequeño no ocurre exactamente lo mismo. Está siguiendo un camino distinto. Hoy quería dibujar un gato y le he dejado uno de los libros de documentación que tiene su padre: todo gatos. Él quería una foto para calcarla. Inmediatez sin complicaciones. Pero le he dado el libro y le he dejado a solas con sus quejas. Al poco rato ha empezado a contarme, desde la habitación, cosas interesantes que le han llamado la atención sobre los gatos. Cuando me he asomado a la puerta, estaba sentado en la cama poniendo un post-it prácticamente en cada página, como hace su padre. El libro está en francés. En este caso, el idioma no ha sido obstáculo para atraparle, con sus fotografías, la edición cuidada, las ilustraciones de anatomía… Por eso es importante que todo el mundo sepa que los libros, los buenos libros, molan. Y son necesarios, aunque no sé si es fácil fomentar su lectura.

Palabrería

Las palabras pesan. Algunas más que otras. Unas son más complejas. Y las explicamos usando otras palabras, construyendo frases con ellas o usando palabras sinónimas. Es curioso cómo hay palabras más fáciles de definir y explicar, mediante otras palabras, que otras palabras. No necesariamente coincide su complejidad formal con su complejidad significativa. Continente y contenido. Me pasa cuando mis hijos me preguntan “¿y eso qué significa?”.

La riqueza de vocabulario es nuestra herramienta para enfrentarnos a la definición. Usando las palabras adecuadas y precisas podemos explicar y describir conceptos complicados, emociones o abstracciones. Podemos evocar, podemos confundir, querer o hacer daño.

Las palabras son herramientas poderosas que algunos y algunas utilizan sin honestidad. Sólo se miente con la palabra.

En 1984, George Orwell describe en 1947 cómo la neolengua que controla la realidad nace de la reducción y destrucción de la lengua.